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GOYA: Pintor de luces y sombras

Si visita Madrid en busca del arte que dejaron los grandes pintores españoles, seguro que le recomiendan el Museo del Prado. Por supuesto, no deje de visitarlo; sin embargo, le invito a que haga un pequeño desvío antes de pasear por sus salas. Acompáñeme a una pequeña ermita, la de San Antonio de la Florida. Allí se encuentra la que se conoce como la “Capilla Sixtina de Madrid”, en sus paredes, frescos en donde se representa al pueblo madrileño tras una barandilla, testigo de los milagros del Santo. Su autor: Francisco de Goya y Lucientes.

La trayectoria pictórica de Goya comienza en Zaragoza donde entrará como aprendiz de José Luzán, aunque Madrid pronto se cruzará en su camino. El aragonés será nombrado Pintor de Cámara primero en la corte de Carlos IV y más adelante de Fernando VII. A lo largo de sus ochenta y dos años de vida, Goya se expresó con estilos muy distintos y cultivó todos los géneros. Además de sus conocidísimas pinturas, Goya realizó magníficos dibujos y series de grabados que le convierten, junto a Durero y Rembrant, en uno de los mejores grabadores de todos los tiempos. Interpretó como pocos el espíritu de la época que le tocó vivir, la España de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la España de la Ilustración, a la que retrató con ojo crítico e implacable.

La evolución del estilo de Goya va a la par que su trayectoria vital y anímica. Una pintura que comenzó luminosa y llena de color como en los cartones destinados a la Real Fábrica de Tapices, la decoración de la cúpula de la Basílica del Pilar o los retratos cortesanos, se torna oscura en la última etapa de su vida. El punto de inflexión vendría con el cambio de siglo, cuando varios hechos afectarán a la vida y estilo del autor: una enfermedad que le dejará sordo, el estallido de la Guerra de la Independencia y su sustitución como pintor de la corte por el valenciano Vicente López. Este hecho coincide con el reinado de Fernando VII con quien nunca mantuvo una buena relación. La mente del genio se llenaría de espectros, criaturas oscuras y macabras que poblarían sus lienzos desde entonces. De estos últimos años son sus célebres Pinturas Negras, como “Saturno devorando a sus hijos”, la serie de grabados “Los desastres de la guerra” o los cuadros de los fusilamientos de mayo.

Cuando el Museo del Prado abrió sus puertas en 1819 tan solo contaba con tres lienzos de Goya, procedentes del Palacio Real. Hoy en día, el pintor zaragozano tiene el número más elevado de salas dedicadas a un único artista. Inspirador de estilos como el surrealismo o el impresionismo, el primero por la temática de sus grabados, el segundo por el trazo libre de sus últimas obras, Goya dejó una huella imborrable, no solo en la historia del arte sino, quien sabe, si en el corazón de una Duquesa.

Goya fue muy prolífico a lo largo de su extensa vida, pero si hay dos cuadros que destacan de su vasta colección son“La maja vestida” y “La maja desnuda”. Detrás de estos lienzos se esconde uno de los escándalos más jugosos de la historia española: la estrecha relación que mantuvieron el pintor y la Duquesa de Alba. Su privilegiada posición en la corte, hizo que Goya pudiera tener contacto directo con la aristocracia española. Doña Cayetana, la Duquesa de Alba, conocedora del arte del pintor, quiso ser retratada por él. El aragonés no se pudo resistir a la belleza y personalidad de la dama considerada la mujer más hermosa de su época y a la que retrató en numerosas ocasiones.

A la muerte del Duque de Alba, su viuda se trasladó al pueblo gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Se dice que allí se desplazó el pintor en lo que muchos interpretaron como prueba irrefutable de la relación, más que amistosa, entre ambos. De su supuesta estancia en el palacio de la Duquesa queda el llamado Álbum de Sanlúcar en donde aparece Doña Cayetana en escenas íntimas y cotidianas. A raíz de esta estrecha amistad surgió la leyenda popular de que la modelo de los famosos cuadros de las majas de Goya no fue otra que la mismísima Duquesa de Alba.

La Duquesa moriría repentinamente pocos años después, supuestamente víctima de una fiebre, aunque se rumoreaba que fue asesinada por su amante, Manuel Godoy, siguiendo las instrucciones de la reina María Luisa de Parma quien era su rival.

Goya muere en Burdeos el 16 de abril de 1828 y su funeral se celebró en la iglesia de Notre Dame. Sus restos fueron trasladados a España y enterrados en Cartuja, Zaragoza. Desde 1919 sus restos descansan en la ermita donde pintó los frescos de San Antonio.

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