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EL GRECO: Maestro del manierismo

En la segunda mitad del siglo XVI la España imperial estaba sumida en profundos cambios económicos, sociales y políticos. Fueron años en los que el imperio español llegó a su punto más álgido para acabar desembocando en la decadencia del siglo XVII. En medio de esta incertidumbre la creatividad y la producción artística florecieron. Comienza el Siglo de Oro, uno de los períodos del arte español más brillantes y fructíferos. A esta España convulsa llegó el Greco en 1577, tenía 36 años.

Doménikos Theotokópoulos nació en 1541 en Candía, la capital de la isla de Creta.  Allí se formó como pintor de iconos y alcanzó una gran posición entre los pintores cretenses. Sus ambiciones, en cambio, eran otras. Su isla natal pronto le quedó pequeña. En esos años, Creta pertenecía a la República de Venecia, por lo que no es extraño que el Greco dirigiera allí sus pasos cuando tenía 25 años. Su estancia en la ciudad de los canales le pondría en estrecho contacto con el Renacimiento. Hombre de gran erudición, muy aficionado a la literatura clásica, recibió una gran influencia de grandes maestros renacentistas como Miguel Ángel, Tiziano o Tintoretto. De Tiziano, por ejemplo, asimiló el colorido; de Tintoretto, la composición de las figuras.

Después de Venecia, vivió varios años en Roma, donde conoció a varios españoles que le pusieron en contacto con la realidad de su país.  Por esa época Doménikos empezaría a considerar su marcha a España; en primer lugar, por las posibilidades existentes para trabajar debido a la construcción del Monasterio de El Escorial, en cuya decoración estaban participando pintores romanos como Tibaldi o Zuccaro; y segunda porque entre los españoles residentes en Roma se encontraba Luis de Castilla, hijo natural del deán de la Catedral de Toledo; gracias a él, el cretense consiguió sus primeros encargos importantes. El Greco vivió en las ciudades de Madrid y Toledo. Aunque sus pretensiones eran trabajar para el rey Felipe II, éste solo le encargó dos obras, (que no gustaron al soberano), por lo que decidió trasladarse definitivamente a Toledo, donde permanecería hasta su muerte en 1614. En la ciudad de las tres culturas, el artista alcanzó finalmente la posición deseada, siempre rodeado de miembros de la nobleza, el clero y de la élite intelectual.

Su visión artística se asentaba en su profunda espiritualidad reflejada en la atmósfera mística de sus lienzos. Entre sus principales obras se encuentran el famoso retrato de El caballero de la mano en el pecho, los retablos de Santo Domingo el Antiguo y de doña María de Aragón, El entierro del Conde Orgaz o El expolio. En estas obras de arte quedan reflejadas algunas de sus principales características – elementos inconfundibles de su arte son el alargamiento de las figuras, la expresividad de los rostros, la ausencia de fondos o el tratamiento radical del color.

Si en algún estilo hay que enmarcar al Greco, éste sería el manierismo, desarrollado en Italia en el siglo XVI. El artista cretense supo entender esta tendencia artística, tan alejada del equilibrio y la claridad del Renacimiento. ¿Qué caracteriza esta forma de entender el arte precursora del Barroco? Las figuras exageradas, un tratamiento irreal del espacio, composiciones dramáticas y complejas, mucho más movimiento,  contraste, emotividad. En esencia, el sello de identidad del Greco.

Llegó, pintó y venció logrando fama y fortuna en el mayor de los imperios que ha conocido la humanidad. Un pintor excepcional, sin duda, vivió una vida de excesos  tanto quizá como la España misma de su época. Pacheco -un contemporáneo suyo- observó que “era extraordinario en todo, y tan extravagante en sus pinturas como en sus costumbres”.

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